fuente: internet
El mundo tiene una extraña cicatriz, una
fisura y no sé quién hizo la herida.
Tengo hambre de Dios y esta
maldita soledad atorrante. Hambre.
Como si millones de seres
inhabitados me recorrieran el
estómago clamando aullidos.
Rencores
Dolor y esta inmensa cicatriz zanjada.
Estoy vieja, hoy amanecí vieja como
una miserable cloaca, como una
mierda infinita, sola… sin Dios
y con una ley inexorable, vivir.
Y arrastrar el cansancio del
ser en mi cerebro que me punza.
Qué miserable chancleta sos,
vieja Eulalia, adorable amapola,
cansada Eugenia, alegre Lucrecia,
enferma Esperanza, amada Soledad.
Soy una actriz y estoy triste
desde el inicio del mundo, triste.
Lo que diga o calle está escrito en mi
alma, si es que conservamos aún ese
duendecillo inexistente en un nicho
sagrado, a quien acudimos cuando las
lágrimas nos ahogan, a quien invocamos.
¡¡El alma!! Ese sucio trapo
de nuestra conciencia.
Deseé siempre morir pero la
cobardía me lo impide, tantas
cosas que son impedimentos y
me obligué a vestir personajes
imaginarios que mueren en escena:
¡He aquí mi gran triunfo!
Aquella Julieta que equivocó la
treta y su teta sin Romeo y la risa
y la tragedia, no hay que ser muy
minucioso, pienso yo, para determinar
que el inicio de la nada es el
ser, todo es perfecto sin nuestra
condición y el mundo rueda inocente.
¡¡Cultura a la mierda!!
¡¡Filosofía a la mierda!!
¡¡Ciencia a la mierda!!
Todo es una gran
equivocación cicatrizada
Teatro a la…
No, que sería de mí sin él.
Teatro a la vida, es lo único
que existe, que perdura, que nos
devuelve la imagen, el espejo
nunca roto, las sombras y Borges.
Un trago, quiero un trago como
Irene, un personaje que alguna vez
interpreté, bebedora y trágica,
lo único que recuerdo de ella fue
su gran sed, espejismo de la sed,
insaciabilidad líquida, laguna ¡Ah!
era una gran pez mi bella Irene.
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